Una iglesia que crece, tiene que aprender a escuchar a Dios y creerle. Creerle a Dios implica aceptar Su palabra y entregarse para hacer su voluntad. Esto trae consigo una crisis, o sea, un conflicto de voluntades.
Por un lado, sé que la voluntad de Dios es la mejor, es buena y no se puede cambiar. Por otro, está la mía que es débil, egoísta y se opone a la de Dios. Cuando oramos, confrontamos nuestro ser, con el de Dios, tres veces Santo, perfecto, puro.
Cuando oramos, no podemos salir de su Presencia igual que como entramos. Hay un cambio que debemos de efectuar; ajustar a su voluntad y propósito. Para la iglesia de Jerusalén, en Antioquía, esto es normal. Ellos dieron sus vidas por su Señor y Salvador Jesucristo.
Cuando aprendamos esto de aquellos nuestros hermanos que oyendo la voz del Señor, no fueron rebeldes, sino que a su obediencia, resultó en un crecimiento maravilloso del Reino de Dios en todo el mundo conocido entonces, seremos como ellos una iglesia ferviente en espíritu, pujante, llenos de fe en nuestro Señor.
Él fue generoso en su ofrenda; su propia vida en una horrible cruz para salvarnos de toda condenación. Hermanos, queremos crecer en todo, y esto le agrada al Señor. Entonces decídete a entrar a la vida de oración para entrenar tu oído espiritual para oír la voz de tu Señor y obedecerle.




María González
Me encanta este mensaje sobre el crecimiento espiritual. Realmente necesitamos aprender a escuchar la voz de Dios y ser obedientes a Su voluntad.
Carlos Méndez
Excelente reflexión pastor. La oración es fundamental para ajustarnos a la voluntad de Dios. Bendiciones!
Ana Rivera
Hermoso artículo que nos recuerda la importancia de crecer en fe y oración. Dios nos ayude a ser fieles.